La misión de todo hermano es la vocación evangelizadora.
Siendo siervos leales se puede acercar con confianza al Padre, y presentar peticiones humildes.
Llenos de alegría y fervorosos solo con la bendición de Dios.
La alegría del Señor es para siempre, y es la fuerza que mueve nuestras vidas.
Cuando ayudes a alguien, hazlo dando gracias a Dios, pues la vida te ha puesto en el lugar del que da y no en el lugar del que necesita la ayuda.




