Los cristianos buscamos la santidad desde niños, en lugar de buscar fama, fortuna o felicidad material.
Instruye al niño en el camino correcto, y aun en su vejez no lo abandonará.
Como misión todo laico debe contribuir para un espacio de comunión, participación y conciencia de una vida Cristiana.
Cristo siempre debe estar en el centro de nuestro matrimonio, de lo contrario se condena la relación al fracaso.
Servir como a Jesús en el gozo del Espíritu Santo a la Iglesia es la paz vivificante para el mundo.




